lunes, marzo 26, 2007

Wal Mart Neuquén
Delicias del márketing I
"Política de atención al cliente:
Regla nº1: El cliente siempre tiene la razón.
Regla nº2: Si el cliente no tiene la razón, revea la regla nº1"
(En el ingreso al salón comercial de Wal Mart de la calle Perticone, en la pared de la derecha ubicada por encima del local de Mac Donald´s. Unos 7 metros de largo por otros 4 de alto).
Para ser un chiste el cartel es demasiado grande, no?.


jueves, marzo 22, 2007


¿Por qué esa vagancia dactilográfica, eh?
Todo muy lindo. Todo muy lindo, Que vi el blog, que "que bueno", que "que feo", que "ponele fotos" y muchos, muchos etc. ¿Pero no hay nadie de ese inmenso mundo de ocasionales lectores que se llenaron las patas de polvo (tantos como 8, 9 más o menos), que sea capaz de dejar un mísero comentario escrito en lugar de contármelo verbalmente o por el messenger?.
Vamos, loco, así me sube más aún la autoestima y me siento Charly García (por aquello de "Demasiado Ego", obviamente. Por el resto, soy sordo y no me pinto las uñas... por lo menos todavía, aunque si prometen dejar comentarios ¡me afano alguno de una perfumería!. Ja!).
Para aquellos que me preguntaron "quién es Banksy", por aquello de "Réquien para ídem", entren a su sitio (www.banksy.co.uk) y después me cuentan. Es un artista plástico londinense que me gusta mucho y que creo que a ustedes también les va a caer simpático (el chabón y lo que hace). Después, ¡todos a pintarle las paredes del museo a Smoljan!!!!!! . Saludos y escriban, che!.
Mauricio.

PD: Un maquinón la Commodore 64, ¿no?.

domingo, marzo 18, 2007




Réquiem para Banksy
La ciudad habla I

"Yo no fumo cigarros
Pulmones tengo dos
¡Fume marihuana,
Que neuronas hay un millón!”
(Cerca de una ermita ubicada al lado
de las vías, en San Martín al 3.800 aprox.)

lunes, marzo 12, 2007


Postales gastronómicas de gente bien I
Día de semana a las 13.45. Arde el mini Topsy del Alto (no es el top, top, sino el que está en Brown casi Juan B. Justo). Chico joven bien, de saco y corbata comprado en Amici y con billetera gorda de cuero (muchas tarjetas, poca plata) hace cola para comprar una bandejita de fiambre (jamón cocido) pan lactal (integral) y yogur (light, obvio. Ser, para más datos).
Eran cuatro personas esperando a una cajera típica de los Topsy: delantal rojo, visera sin gorro (será por la luz de los tubos fluorescentes), cartelito con nombre de pila y cara de agotada. El policía que estaba adelante pagó con $100. La chica se quedó sin vuelto. “Cambiooo”. La supervisora no venía nunca. El policía se corrió con sus dos bolsas amarillas y la chica siguió cobrando. Poco después le acercaron el sencillo, así que una vez que terminó de pasar los productos del segundo hombre de la cola le dio el vuelto al policía.
El cuarto cliente de la cola calculaba el tiempo pasado: unos 7 minutos.
Cuando la joven del cartelito Energizer le quiere cobrar al segundo cliente, éste también le paga con un billete de $100 (sí, parece que se ven muchas caras de Roca en esos Topsys). Otra vez la misma historia, y pasaron otros cinco minutos, hasta que llegó el cambio y la cola siguió avanzando. Le llega el turno al chico bien (unos 25 años aprox., pinta de profesional independiente pero que seguro, seguro, vive y/o curra del Estado. Apuesto un rostro de Roca a que es así…).
Habían pasado 10 minutos más o menos, pero el chabón ni se inmutó: pasa los productos y los guarda en la bolsita amarilla como si estuviera acomodando caviar y langosta importada (compró el mismo jamón que nosotros podemos conseguir en el Bomba). La señorita de la caja, que hacía un esfuerzo insuperable por ser amable a pesar de que se la notaba muy cansada, le anuncia la tarifa: “$23, 47”.
El joven bien saca su billetera de cuero Legacy del bolsillo de tras del pantalón formal marrón. Busca entre todas sus tarjetas (no sólo de crédito; también de VIP´s de boliches y bares variados), toma $24 y le paga a la cajera.
La chica toma $50 centavos de la caja, corta el ticket, “muchas gracias” y a otra cosa mariposa.
El cuarto cliente de la cola empieza a pasar sus productos, pero el tercero, el buen burgués, no se va. Cuenta las moneditas una por una y de mala manera se queja ante la empleada: “Te faltan 5 centavos”. La cajera no escucha, porque en realidad a esa hora ya no escuchaba absolutamente nada.
De nuevo, y con cara de supuesto fastidio: “Disculpame, pero me debés 5 centavos”. La chica le da la pequeña moneda con cara de traste, pero el joven no se va: se toma su tiempo para guardar sus cinco centavos en la billetera al lado de la caja, así que la abre, busca el bolsillo con cierre y la guarda. Había otro montón de moneditas ahí dentro.
Sigue sin irse: todavía tiene que guardar su billetera en el bolsillo trasero etc, etc. Recién entonces toma su bolsa de productos pedorros (pero comprados en el Alto) y desaparece.
Fueron 15 interminables minutos de demora para salir de esa caja, pero al joven profesional mucho no le importó: quería sus cinco centavos, porque efectivamente le correspondían; era su plata.
Entre reclamo y reclamo, el buen hombre hizo demorar más aún al resto de la cola, además de volver un poco loca a la pobre cajera desencajada de delantal rojo, aunque la verdad al chico mucho no le importó.
La pregunta es: ¿se puede ser tan miserable?. Evidentemente sí. Y como dice un amigo: “esos son los que tienen plata”. La verdad, verdad, prefiero cinco a centavos menos a no hacerle el aguante a la gente que labura de verdad todos los días.
Cuando este auténtico producto made in Neuquén (joven, saco y corbata, sobrador, soberbio y miserable) se estaba yendo, el cuarto y último cliente de la cola le dijo: “que pinta de garca que tenés”.
¿Si respondió?. No, en absoluto, los garcas son así: no se animan a decir nada porque son cagones, pero en cuanto te diste vuelta o te los volvés a encontrar te clavan sin piedad.
We are back!
Y si... De a poco volvemos. En realidad no es vagancia, sino complicaciones con el manejo del blog propias de un inexperto como yo. Pero a no desesperar que prometo ponerme a estudiar y hasta poner fotos en el blog!. No, mías no. No se asusten.
Ah! y gracias mil a la gente que no conozco y que mandó mensajes al blog (sí, fue en el verano... tarde pero segura la respuesta). Gracias a todos ellos. Eran 3 me parece. Pero bueno, por algo se empieza, ¿no?).
En breve, más micro historias de la ciudad (sí, las voy a escribir a mano arriba del ramal 10 de Indalo. Je).
Mauricio.

viernes, octubre 06, 2006

¡¡¡Ya pueden dejar comentarios!!!

Modifiqué el método de entradas para dejar comentarios en el blog. Esto, claro, si alguien tiene ganas.
Los inconvenientes surgieron porque uno (el que suscribe) es medio zapallo anquito en el manejo del blog. Además, la conexión hogareña desde la cual intento subir las cosas a la red es menos confiable que el slogan de la provincia.
Ahora ya está: sólo hay que ir a comentarios (comments) y dejarlos allí de manera anónima. En todo caso, pueden dejar su nombre al final del comment y listo. Es más fácil que tomarse el trabajo de registrarse en blogger.com. Obvio, esta opción también está disponible para lectores con paciencia.
Esto responde a lo que hace algunos días me señalaron varias personas que osaron llenarse las patas de polvo. Ellas fueron las que me dijeron que no podían dejar un comentario. "Varias personas" son exactamente dos. Pero bueno, si tomamos en cuenta que cuatro fueron las personas que leyeron el blog, ¡estamos hablando del 50 por ciento!. ¿Quién dijo que las estadísticas mienten y no sirven?... je.
Creo que ahora ya se puede. Por si las moscas de los frutos, ahora me voy a mandar un comentario para comprobarlo (será un "onano-comentario", como para subirme la autoestima y ahorrar la plata que gastaría en piscólogos para conseguir una conexión más rápida a internet).
En los próximos días, en breve nomás, habrá otra actualización.
Hasta entonces.

viernes, septiembre 29, 2006

Los pibes que están al horno (auténticos niños envueltos)

Creo que se llama Johanna. Vive en el sector Los Hornos. No es pequeña, es re-chiquita. Así lo cuenta ella misma, a puro prefijo, cuando en un esfuerzo de producción intenta señalar que tiene entre tres y cuatro dedos de edad.
Se la ve más chiquita todavía, es como si creciera la mitad de lo que crecen otros chicos de su misma edad. No parece ser la única: con sólo echar un rápido vistazo a todos los alumnos en edad de jardín y de primaria que viven en esa zona de Neuquén alcanza para darse cuenta que la mayoría de ellos no tiene ningún destino de NBA.
No están desnutridos, y se les nota. Han tenido evidentes problemas de alimentación en sus cortas existencias. Y eso también se les nota.
Van todos a un anexo de la escuela 234 de Plottier, un edificio desvencijado de la central educativa ubicada a unos 20 minutos de auto de la zona de la pre-meseta, justo al pie de la barda norte. Pero no es Plottier, es Neuquén capital, aunque en un lugar lo suficientemente alejado como para no aparecer en los mapas.
De hecho, toda esa zona en la que viven unas 600 personas está registrada como una mancha verde en el plano de Neuquén dentro de “Valentina Norte Rural”, un barrio en el que, a priori, muchos suponen que sólo hay barda, un sector de chacras, producción petrólera, un campo de golf muy elegante y un cementerio privado al tono.
Pero no, porque entre tanto muerto ilustre, césped cortito y guanaco petrolero hay un barrio. Hay varios en realidad dentro de la misma zona. Allí está Los Hornos, un asentamiento más allá del hipódromo que le debe al nombre a los antes lejanos hornos de cocción de ladrillos que sobreviven en pleno desierto.
No hay luz, no hay agua corriente. Eso de las cloacas parece ser un invento de la gente de la ciudad, y lo del gas una novela por capítulos que los vecinos reciben mes a mes en forma de bono.
El anexo de la escuela 234 está en el corazón del barrio. Hace 11 años que funciona en una casa prefabricada adornada con dos trailers petroleros que parecen salidos de un museo de YPF. En uno funciona un equipo electrógeno. En el otro los baños. No funciona ninguno de los dos.
Se sobreentiende que no hay clases. Hace tres semanas. Quizás el lunes que viene, si cumple su palabra los funcionarios de Educación que se acordaron de que tenían una escuela a cargo en el medio de la barda. La amnesia desapareció el jueves pasado, después de que un grupo de y papás de maestros le patearan suavemente la puerta del Consejo de Educación, para reclamar la compra de dos repuestos que le faltan al grupo electrógeno. Y de paso, pedirles si le hacen una escuela “común, como esas que hay en todos los barrios”, como les explicaba de Mariana, una de las docentes.
Si para muestra basta un botón, el anexo en cuestión es decididamente el botón. El resto de la prenda de vestir parece estar en Plottier, porque aquí no hay saco cruzado ni hombreras ni más botones. En todo caso es un mísero bolsillo interno de esos pequeñitos en los que sólo entra un encendedor y un par de monedas.
Los hermanos más grandes de Johanna van todos al anexo de la 234. Una de las primeras cosas que aprendieron fue a compartir: desde el primer día de clases les explicaron que la parte izquierda del pizarrón verde es para los chicos de primer grado, la del medio para los de segundo y el extremo que queda está reservado para los grandes de tercero.
La venganza se la toman en los recreos. La escuela será un desastre, pero tiene una gran cancha de fútbol con arcos de metal que aplanaron sus propios padres. Y no es sólo eso, en realidad es un campo de juego-campo de estudio. Allí aprenden física desde chicos: hasta los de primero saben qué es eso de la ley de gravedad, sobre todo aquellos que defienden la valla ubicada hacia el este, y que sufren la inclinación de la cancha. No hubo plata para contratar una máquina para que emparejara el suelo. Está lisita, pero con caída hacia uno de los lados.
Igual le dan a la pelota, aunque con el acuerdo previo de jugar siempre a dos tiempos, como para sacarse ventaja de manera equitativa.
A veces sucede que no pueden usar la cancha, sobre todo cuando se levanta un poco de viento. En realidad lo que no puede usarse es el barrio. Se quedan directamente dentro de sus casas, porque se hace imposible caminar entre la tormenta de arenisca y pequeñas toscas que esmerilan los vidrios de las viviendas.
Contra el viento, nada mejor que una buena arboleda. Ese es el principio de muchos vecinos que en su obstinación de hacerle frente a las corrientes de aire siembran sauces, algunos olmos y todo lo que crezca con poco agua de camión en suelo pedregoso. Saben, además, que se viene el verano, y sin árboles no hay media sombra que alcance.
Los pibes igual se divierten con el viento. Johanna corre frente a su casa acompañada por seis perros también chiquitos. Todas son hembras, de esas que se reproducen de a un montón y que terminan superpoblando la cancha de fútbol en medio del partido.
Esa misma cancha que, a lo lejos, cuando se llega al barrio desde Almafuerte, parece que estuviera toda rodeada de papelitos. En realidad son blosas de supermercado despedazadas por el viento patagónico, que se deshilachan en partes muy pequeñas y se pegan a lo primero que encuentran en su camino. Son tantas que, cuando el aire no sopla, tapizan las entradas de todas las viviendas, de la escuela, de la calle, de la pared del hipódromo. De todo.
Son de restos de basura. De mugre que no es del barrio. Del barrio que a veces es una mugre por culpa de la basura que se produce en otros barrios.
Igual, Johanna sigue corriendo con los canes detrás, con su hermana más grande que mucho no habla pero que mira fijo desde el fondo de sus ojos negros enormes, con la hija de la vecina que también es petisita. Las tres y las cachorras levantan polvareda.
Se van hasta la canchita envueltas en un torbellino de tierra; en una nube de polvo en la que parecen regir leyes distintas a las del resto de la ciudad. Ahí no hay escuelas que no funcionen, no hay basura esparcida por las calles, ni canchas inclinadas, ni gente deslomándose al calor de los hornos. Envueltas en el mundo que es propio de los niños, da la sensación de que no quieren perderse eso de ser chicos, a pesar de todo.
Y se ríen mucho.
En realidad, como dos montones.

viernes, septiembre 15, 2006


Biografía autorizada del autor.

Nunca expliqué quién soy. Creo que fue por el apuro de arrancar con el blog. Y como hablar de uno es bastante tedioso (me conozco bien y sé que me aburriría de mí mismo) rescaté un viejo perfil elaborado por un ignoto escritor de costados, a quien nadie le conoce el rostro; y que andaba dando vueltas por Internet. Que sirva entonces a modo de presentación:

Por Damián Díaz, biógrafo de estrellas (ya lleva contadas como 272).
Mauricio García. Periodista. Cronista, en realidad (y dice que a mucha honra). Experto opinólogo, especialidad que adquirió de joven (luego el tiempo hizo que se olvidara) cuando supo hacer extensas ponencias sobre la conveniencia de ubicar el opi más acá o más allá de las lecheras. Siempre tuvo dudas acerca de si el opi era “hopi” u “opi” a secas. Optó por la segunda: estaba seguro que “opinólogo” no iba ni con H ni h, es decir, ni larga ni corta.
Cronista de diario y de radio: labura todos los días y siempre en la misma zona.
Desestudiante universitario crónico. Hace como 10 años que no estudia sistemáticamente, ¡pero qué elegante manera de disimular!.
Entrevistado en una oportunidad por una revista -pidió especialmente evitar que se recuerde cuál fue esa oportunidad y esa revista- (N de la R: igual nadie se acuerda de ninguna de las dos) confesó ser un rocker frustrado que jugaba de cinco, aunque a veces lo mandaban al arco. Algo gordito, pero ni tanto como para ser el dueño del balón.
Hace un tiempo también se le dio por creerse surfer, pero para evitar una nueva frustración se refiere en tono místico al asunto: habla de una actividad que lo engrandece “desde adentro”. Se refiere al mar, no a su espíritu: siempre se queda bien adentro del agua porque si avanza hacia la rompiente se parte el marote con la punta de la tabla.
Nacido y criado en Mar del Plata, malcriado en diversos barrios de la misma ciudad, de adolescente vivió en San Martín de los Andes, donde cursó sus estudios secundarios y se aprendió la mitad del Himno de Neuquén sin repetir ni soplar. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos realizados, nunca logró memorizar el Himno de Sarmiento ni la versión original de Aurora que, dicho sea de paso, siempre le pareció muy vacuna. Sólo logró cantar la parte de “pobre aguilucha, le pegué en la truchaaa”.
Alumno modelo (modelo ’74 con papeles originles, nunca taxi) fue escolta de ocasión, más precisamente, en una sola ocasión, cuando el pibe que jugaba de titular se enfermó justo antes de uno de los actos).
Siendo adolescente tardío, quiso ser locutor: se fue a Buenos Aires en búsqueda del conocimiento, pero se volvió en bondi a la cordillera con una confusión de carácter casi lingüística: se le lenguaba la traba cuando intentaba pronunciar palabras raras como “inventio” o “dispositio”. Tras mudarse a 1.700 km. de su casa para aprender palabras raras, ya en Buenos Aires le explicaron que la carrera se trataba de otra cosa. Dice que todo fue una gran confusión, y que en el ISER nunca lo entendieron: él pensaba que locución hacía referencia a “elocutio”, la tercera de las operaciones retóricas en la constitución de los discursos. Pero le erró y se volvió a la Cordillera.
También regresó por un amor que había dejado cobijado entre las montañas y el agua del Lácar, y al otro año se lo llevó consigo (es sólo una manera de decir, porque ambos se mudaron al Alto Valle; digamos que fue una manito que le dio la suerte). Ambos viven ahora juntos en Neuquén felices y comen pollos; no perdices porque la caza de aves silvestres les da como impresión.
Actualmente atraviesa su propia década infame (tiene 31 años) y dice que cuando sea grande se va a vengar de todos y va a ser rocker y surfer a la vez, además de papá, aunque primero quiere madurar (todavía ´tá verde como las paltas que venden en el Topsy).
Promete no abandonar nunca el periodismo, aún en la eventual situación en la que el periodismo y algunos medios de comunicación se pongan de acuerdo y decidan hacerlo a un lado (otra N de la R: aparentemente, no se trataría de un auténtico amor por el oficio, sino de la imposibilidad de ganarse la vida por otros medios).
De momento, trabaja en uno de los móviles de una radio de Neuquén capital, LU5, desde donde se estaría robando las historias con las que pretende llenar un blog que lleva como nombre “Con las patas llenas de polvo”, y que puede encontrarse en: asfaltosinterminar.blogspot.com.”

Nos vemos.

martes, septiembre 12, 2006


Mi encuentro con Chayanne

Cualquier cosa puede pasar en los barrios neuquinos, pero nunca imaginé que sucedería justo ahí donde dicen que está el agite. Sí, debo confesarlo, lo conocí a Chayanne y me cayó bien.
Canta bien pero no baila. Y se está recuperando de las heridas que le infligió un aguilucho que, aseguran las malas lenguas, no es de Gran Neuquén Sur sino que asola esa zona de la ciudad para saciar su hambre de cantantes latinos prefabricados.
Chayanne es un canario color amarillo canario, aunque un poquito más fluorescnte (sí, como el de los resaltadores). Es una de las compañías que tiene Don Moiana, un hombre de 83 años que hace mucho tiempo vive ahí sobre la calle Quimey, muy cerquita de Rodhe.
Todo esto viene a cuento de la charla que tuvimos esta mañana, un ratito ante de las 8, ahí en su casa. Nos había citado para mostrarnos un prolijo petitorio escrito en una hoja de cuaderno Arte (de los viejos, con la tapa de color celeste gastado, como el de las banderas). Reclamos para mejorar un poco el barrio; un regador para su calle polvorienta, árboles, algo de verde de piso y un banco para matear a la sombra y jugar al truco en la plaza de Quimey y Rodhe. También algo en el centro: un banco en la parada de bondis que está sobre avenida Olascoaga frente al monumento a la Madre.
Cuando me fui (nos fuimos; andaba con Jorge en el móvil), terminé por darme cuenta de una cosa: si a esa edad conserva las ganas para llamar a la radio y hacer un mini rosario de pedidos a quien corresponda es porque evidentemente recorre las calles, habla con sus vecinos, vive la ciudad todos los días. Vive.
Y pensar que a veces uno, que recién arranca a vivir su década infame, tiene fiaca o se cansa de las imbecilidades propias de una ciudad como Neuquén. Da envidia, da desear que en esa parte de la vida en la que sólo te acompaña el canto de un canario uno siga pidiendo lo que le corresponde.
Con muchas ganas de vivir. Son los viejitos que no se van a cansar nunca de exigirle al PAMI un trato digno de viejitos. Son los ancianos que nunca se cansaron de quejarse frente al Congreso de la Nación. Son los/as Norma Plá, son todos los don Moiana que andan girando por ahí con su bastón a cuestas, son mi abuelo Cholo que sigue haciéndole juicio al Estado después de que lo cagaron durante toda una vida con la jubilación.
Qué lindo pasar los 80 y seguir siendo un hinchapelotas, ¿no?
Ojalá llegué a los 83 años igual que Don Moiana, con ganas de seguir reclamando.
Ojala llegué a los 83 años igual que Don Moiana
Ojala llegué a los 83 años
Ojala llegué
Ojalá


Ah!, y qué pasó con el pájaro?. Pues nada, ahí sigue en su jaula, cantándole a los jilgueros y gorriones que todas las mañanas visitan al anciano que riega el patio de su casa con miguitas de pan. Un capo ese Chayanne.
Si les interesan las historias de pájaros/vecinos neuquinos, chequeen el suplemento aniversario de Neuquén del diario La Mañana Neuquén. Saltéense el sapo Sobisch (no vale la pena at all) y sigan para delante hasta encontrar al vecino que vive en la esquina de casa, acá en Villa Florencia, junto a su mujer, sus perros y más de 100 pájaros sueltos dentro de su casa.
Nos vemos.
Los 102 años como excusa

Si. Es el aniversario de la ciudad. Es una buena excusa para arrancar, pero de a poquito. Es cierto. Venimos con algo de atraso. Pero a no desesperar que en cuento consiga una máquinita digital arracamos con tutti...

miércoles, marzo 08, 2006

Falta poco para largar...